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Pan de la Palabra

18 Junio 2020


  • Fiesta - Blanco
  • JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE

PRIMERA LECTURA
Del libro de Isaías 52, 13–53, 12

Miren, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado.

Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca.

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 39
R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

• Cuántas maravillas has hecho, Señor, Dios mío, cuántos planes en favor nuestro; nadie se te puede comparar. Intento proclamarlas, decirlas, pero superan todo número. R/.
• Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio. R/.
• Entonces yo digo: “Aquí estoy –como está escrito en mi libro– para hacer tu voluntad”. Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R/.
• He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios; Señor, tú lo sabes. R/.
• No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea. R/.

EVANGELIO
Del Evangelio según san Lucas 22, 14-20

Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: “He deseado enormemente comer esta comida pascual con ustedes, antes de padecer, porque les digo que ya no la volveré a comer, hasta que se cumpla en el Reino de Dios”.

Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias y dijo: “Tomen esto, repártanlo entre ustedes; porque les digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid, hasta que venga el Reino de Dios”.

Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes; hagan esto en memoria mía”. Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo: “Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes”.

Palabra del Señor. 


LECTIO DIVINA

Para meditar
El evangelio nos ayuda a pasar desde el sacerdocio de Cristo al de la Iglesia. En la Última Cena, Jesús nos encargó que celebráramos el memorial de su muerte salvadora. En la Eucaristía, el Señor Resucitado nos hace presente cada vez, bajo la forma de pan y vino, su donación pascual de la Cruz, su Cuerpo entregado y su Sangre derramada, para que entremos en comunión con Él y ofrezcamos al Padre, juntamente con Él, nuestras propias vidas.

En la Última Cena, Jesús sabe que inaugura una nueva alianza que se establece no ya con el compromiso de cumplir las normas de la Ley, sino con la entrega amorosa y obediente de la propia vida. Es el grano de trigo que cae en tierra y muere. Los granos de uva arrancados de la vid, estrujados, pisados, muertos para que sean vino, que muere en nosotros al beberlo y nos da fuerza y alegría. Sobre la mesa de la despedida, Jesús se reconoce en el pan y el vino, que muere para que otros tengan vida. E instituye la Eucaristía. Y nos deja el sacerdocio y los sacerdotes, como maestros de la Palabra, ministros de los sacramentos y guías de la comunidad.

Terminado ya todo el ciclo de la Pascua noventa días entre Cuaresma y Pascua, esta fiesta nos invita a mirar atrás, en conjunto, y dar gracias a Dios por esta doble donación, el sacerdocio de Cristo y la participación en ese sacerdocio por parte de la comunidad y, de modo especial, de los ministros ordenados.

Para reflexionar

¿Cómo es nuestra actitud en la celebración eucarística? ¿Participamos de la Eucaristía por simple tradición social o por convicción?

Oración final

Señor Jesús, que la participación en la Eucaristía sea de verdad para nosotros la renovación de tu alianza de amor con la humanidad. Amén.


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