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Pan de la Palabra


10 Enero 2026

  • Feria – Sábado después de Epifanía
  • Blanco
  • San Aldo.

PRIMERA LECTURA

De la Primera carta del apóstol san Juan 5, 14-21

Queridos hermanos: En esto consiste la confianza que tenemos en el Hijo de Dios, en que si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha. Y si sabemos que nos escucha en lo que le pedimos, sabemos que tenemos conseguido lo que le hayamos pedido.

Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no es de muerte, pida y Dios le dará vida −a los que cometan pecados que no son de muerte, pues hay un pecado que es de muerte, por el cual no digo que pida−. Toda injusticia es pecado, pero hay pecado que no es de muerte.

Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Engendrado de Dios lo guarda, y el Maligno no llega a tocarlo. Sabemos que somos de Dios, y que el mundo entero yace en poder del Maligno.

Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al Verdadero. Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y la vida eterna. Hijos míos, guárdense de los ídolos.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 149

R.El Señor ama a su pueblo.​​​​​​

• Canten al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre Israel por su Creador, los hijos de Sion por su Rey. R/.

Alaben su nombre con danzas, cántenle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo  y adorna con la victoria a los humildes. R/.

Que los fieles festejen su gloria y cántenle jubilosos en filas: con vítores a Dios en la boca. Es un honor para todos sus fieles. R/.

EVANGELIO

Del santo Evangelio según san Juan 3, 22-30

En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba. A Juan todavía no lo habían metido en la cárcel.

Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; ellos fueron a Juan y le dijeron: “Rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ese está bautizando, y todo el mundo acude a él”.

Contestó Juan: “Nadie puede tomarse algo para sí si no se lo dan desde el cielo. Ustedes mismos son testigos de que yo dije: ‘Yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado delante de Él’.

El que tiene la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada. Él tiene que crecer, y yo tengo que disminuir”.

Palabra del Señor.

 

 

LECTIO DIVINA

HALLEN MEDITANDO

La perícopa del evangelio de hoy está centrada en el testimonio que Juan Bautista da de Jesús. Juan evangelista hace una larga introducción (vv. 22-24) para indicar el traslado del Maestro junto a sus discípulos hacia la región de Judea donde se instala con ellos y, a la vez, bautiza. Cabe notar que en la tradición sinóptica Jesús nunca aparece cumpliendo la misión de bautizar. La introducción tiene un objetivo específico: construir un paralelismo entre el personaje de Jesús y el del Bautista. El texto, en efecto, ubica con precisión a cada personaje. A Jesús lo presenta en Judea cumpliendo la misión de bautizar; a Juan Bautista, en cambio, lo ubica en “Ainón, cerca de Salín”, también bautizando. ¿Cuál es el sentido de un paralelismo de este tipo? ¿Existe alguna diferencia entre el bautismo que hace Jesús y el que hace Juan Bautista? En principio, el evangelista hace coincidir a Jesús y al Bautista en la misión de bautizar. Cuando el texto se refiere al bautismo que hace Jesús, el autor utiliza el verbo bautizar (baptizō) en imperfecto, justo para indicar que se trata de una acción continua. Cuando se refiere al bautismo de Juan, el autor utiliza el participio presente para prolongar el gesto de bautizar. De una y otra forma, el evangelio está focalizando sobre la acción del bautismo como la misión específica que abre el camino de la fe de una comunidad creyente.

Paradójicamente, el gesto de bautizar suscita una discusión. El término “discutir” (zētēsis) presenta la controversia que se genera con algunos discípulos del Bautista y un judío. Este último cumple la función de interlocutor y aparece como una figura que agita la discusión y, por tanto, el testimonio del Bautista.

La manera como Juan Bautista interviene después de la dificultad resulta interesante: “Nadie puede recibir nada si no se le ha dado del cielo” (v. 27). Sus palabras pretenden, en efecto, clarificar su posición en relación con aquella de Jesús. Aquí el verbo “poder” (dynamai) casi siempre indica una fuerza que depende de la acción divina, así como ocurre en Jn 3, 3-5. En la frase del v. 27, el griego usa el término “hombre” (anthrōpos) para mostrar la impotencia humana de frente a los dones divinos. Con el verbo “recibir” (lambanō), el texto está dando a conocer el fruto de la acción de Dios que el ser humano puede alcanzar desde el cielo. Con el fin de apoyar esta última idea, la frase del Bautista utiliza el verbo “dar” (didōmi) que alude con frecuencia al quehacer divino y a la capacidad para entregar el Espíritu (Jn 1, 32). Juan Bautista les recuerda a sus discípulos el significado de su misión: ser testigo del que viene en nombre de Dios. Su figura prioriza el anuncio y la preparación del camino, sabe que no es el Cristo, sino que muestra a Aquel esperado por el pueblo para cumplir la redención de Israel.

 

LLAMEN ORANDO

El Evangelio de Juan suscita una reflexión en torno a la experiencia del bautismo que hacen Jesús y Juan Bautista. Recordemos, al respecto, las palabras del papa Juan Pablo II: “Lo que Juan el Bautista confería […] era un bautismo de penitencia, para la conversión y el perdón de los pecados.

 

Pero anunciaba: ‘Detrás de mí viene el que puede más que yo [...]. Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con Espíritu Santo’ (Mc 1, 7-8). De muy diferente naturaleza es el bautismo que imparte Jesús y que la Iglesia, fiel a su mandato, no deja de administrar. Este bautismo libera al hombre […] y lo rescata de la esclavitud del mal y marca su renacimiento en el Espíritu Santo; le comunica una vida nueva, que es participación en la vida de Dios Padre y que nos ofrece su Hijo unigénito, hecho hombre, muerto y resucitado” (12/01/1997).

 

LES ABRIRÁN CONTEMPLANDO

Señor, hoy me queda el compromiso de ser testigo de tu presencia como lo fue Juan el Bautista. Deseo asumir la frase final del evangelio que me invita a menguar lo que soy yo para dejar crecer a Cristo en mí. Solo de esta manera, el testimonio será un auténtico mostrar el actuar de Dios en mi vida sin asumir un protagonismo que me aleje de su amor y su verdad.  Amén.

 

 


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