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Pan de la Palabra


07 Enero 2026

  • Feria o Memoria libre
  • Blanco
  • San Raimundo de Peñafort.

PRIMERA LECTURA

De la Primera carta del apóstol san Juan 4, 11-18

Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en Él, y Él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.

Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en Él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del juicio, pues como Él es, así somos nosotros en este mundo. No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor tiene que ver con el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 71

R.Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.​​​​​​

• Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R/.

 Los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; póstrense ante él todos los reyes, y sírvanle todos los pueblosR/.

Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres.R/.

EVANGELIO

Del santo Evangelio según san Marcos 6, 45-52

Después de haberse saciado los cinco mil hombres, Jesús enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras Él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar.

Llegada la noche, la barca estaba en mitad del mar y Jesús, solo, en tierra. Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo. Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos lo vieron y se asustaron.

Pero Él habló enseguida con ellos y les dijo: “Ánimo, soy yo, no tengan miedo”. Entró en la barca con ellos y amainó el viento. Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada.

Palabra del Señor.

 

 

LECTIO DIVINA

HALLEN MEDITANDO

Marcos puntualiza de nuevo sobre la reacción de los discípulos. De hecho, afirma: “Y es que no habían entendido lo de los panes, pues su mente estaba embotada” (v. 52). El evangelista utiliza tres escenas consecutivas para mostrar que los discípulos no entienden la propuesta de Jesús. Si hacemos una traducción más literal del griego, deberíamos leer: “pues su corazón estaba embotado”. Ello nos sugiere una incapacidad para entender el plan salvífico por la dureza del corazón (Mc 8, 17), evocando de esta manera la tradición bíblica que en la imagen del corazón endurecido representa la pobreza y la fragilidad de la fe. La incomprensión del plan divino se supera con la oración: “Después de despedirse de ellos se fue al monte a orar” (v. 46).

La imagen del monte ilustra el lugar de la manifestación de Dios (Mc 3, 13; 9, 2) y la oración de Jesús nos prepara para el encuentro que vendrá a continuación: Él se manifiesta a los discípulos, Él se presenta como el Señor de la creación; por esta razón camina sobre el agua. El evangelio presenta a los discípulos en un momento de conmoción, esto se expresa con el término “fatigarse”. Marcos, además, precisa que se trata de “la cuarta vigilia de la noche” (v. 48), es decir, de un momento de gran oscuridad. Justo es el instante en el cual los discípulos ven a Jesús caminar sobre el agua. Es un movimiento mencionado en dos ocasiones (vv. 48.49) que evoca la manifestación salvadora de Dios.

Jesús se presenta con autoridad divina, sabe que se está acercando a los discípulos y pretende mostrarles la capacidad que tiene de intervenir en los momentos de angustia. Ahora bien, desde el punto de vista de los discípulos, los lectores nos encontramos con unas personas “turbadas” y llenas de miedo. Los discípulos aparecen, temporalmente, alejados de Jesús; no están en grado de reconocer el fenómeno de un hombre que camina sobre el agua, de hecho, ellos lo confunden con un fantasma. Nosotros, como lectores, formulamos varios interrogantes: ¿la ausencia del conocimiento es por la falta de luz?, ¿el temor de los discípulos aparece por no centrarse en el seguimiento?, ¿la reacción de los discípulos se debe a la crisis que están viviendo? Tal vez todos estos elementos están implícitos en la situación.

La reacción del miedo involucra los términos “gritar” (anakrazō) y “estar turbados” (tarassō). El primero es signo de una situación desesperada (Mc 3, 11; 5, 5.7; 9, 24; 10, 47). El segundo ilustra la poca comprensión que los discípulos tienen de lo que está pasando. Jesús aparece para superar la dificultad, Él imprime fuerza en el creyente y elimina la distancia que muchas veces se crea entre lo divino y lo humano. Según el evangelista, la presencia de Jesús se confirma con su palabra: “¡Tranquilos!, que soy yo. No teman” (v. 50). En este caso, el Jesús marcano se autopresenta con la fórmula de revelación del Antiguo Testamento (Ex 33, 18-23); ella aparece como una expresión de confianza que tranquiliza y salva.

 

LLAMEN ORANDO

Este pasaje me conduce a identificarme con los discípulos del evangelio. Ellos están viviendo una experiencia de gracia junto a Jesús, pero no entienden todo lo que está pasando en sí mismos y a su alrededor. Son las mismas preguntas que hoy nos llegan a los hombres y mujeres que caminamos en búsqueda de Dios: ¿Qué quiere Dios de mí? ¿Cómo entender su voluntad en mi vida? Los signos del evangelio nos hablan de la actualidad: el mar que se agita, la oscuridad que nos circunda, el temor que nos impide ver, el orgullo que nos conduce a buscar los primeros puestos. La liturgia me invita a esforzarme en la escucha de la Palabra de Jesús. Esta es la misión para los creyentes de nuestro tiempo: aceptar la presencia del Señor en nuestra vida y disponernos a escuchar su voz.

 

LES ABRIRÁN CONTEMPLANDO

Señor Jesús, como los discípulos, también yo tengo momentos de una “densa oscuridad” en la fe. Me acojo a tu cuidado y confío a tus manos mi vida, mis proyectos, mi historia. Que, en medio del temor, tu Palabra me llene de certeza y en medio de la noche, tú aparezcas como la luz.Amén.

 

 


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