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Domingo de la Palabra


“LES ABRIÓ EL ENTENDIMIENTO”
El motu proprio “Aperuit illis” del papa Francisco


1.    La carta apostólica
e trata de un documento de 15 artículos, que sorprende tanto por su relativa amplitud, como por su riqueza y profundidad de contenido. En efecto, siendo que la específica finalidad de este motu proprio es la institución del Domingo de la Palabra de Dios, resulta elocuente el hecho de que el papa Francisco dedique más de treinta parágrafos a justificar y motivar bíblica y teológicamente su propuesta para la Iglesia universal.
La inspiración del título y contenido de este motu proprio, el Papa la encuentra en Lc 24, 45: "Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras", y su contexto, al que va a referirse abundantemente en su Carta, que es una aparición del Resucitado, estrechamente unida a aquella en el camino hacia Emaús. 

La finalidad de instituir el Domingo de la Palabra de Dios, el tercer domingo del tiempo ordinario, es muy clara para el papa Francisco: "Un domingo completamente dedicado a la Palabra de Dios, para comprender la riqueza inagotable que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo".

Precisamente, les abre el entendimiento para que puedan entender que “el Mesías debía padecer todo eso para entrar en su gloria”, y al mismo tiempo les “promete el Espíritu Santo que les dará la fuerza para ser testigos de este misterio de salvación (cf. Lc 24, 49)”.

La finalidad de instituir el Domingo de la Palabra de Dios, el tercer domingo del tiempo ordinario, es muy clara para el papa Francisco: "Un domingo completamente dedicado a la Palabra de Dios, para 
comprender la riqueza inagotable que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo"; y para “hacer que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado que abre también para nosotros el tesoro de su Palabra para que podamos anunciar por todo el mundo esta riqueza inagotable”. Y más adelante el Papa aclara: “Establezco que el tercer Domingo del Tiempo Ordinario esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios”.

El Santo Padre reconoce que ya “en las diferentes Iglesias locales hay una gran cantidad de iniciativas que hacen cada vez más accesible la Sagrada Escritura a los creyentes, para que se sientan agradecidos por un don tan grande, con el compromiso de vivirlo cada día y la responsabilidad de testimoniarlo con coherencia”. E insiste también en la importancia y actualidad que tiene la Dei Verbum del Vaticano II, y la exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini, de Benedicto XVI (2008), y pide “que no falte ningún esfuerzo para que algunos fieles se preparen con una formación adecuada a ser verdaderos anunciadores de la Palabra”, dando también un lugar especial a la lectio divina. 

Dos episodios de la Sagrada Escritura son especialmente tomados en cuenta y comentados por el 
papa Francisco en su Carta: el de Nehemías 8, 1-10, donde se narra que “aquel pueblo había sido dispersado con la deportación, pero ahora se encuentra reunido alrededor de la Sagrada Escritura como si fuera 'un solo hombre' (Ne 8, 1). Cuando se leía el libro sagrado, el pueblo 'escuchaba con atención' (Ne 8, 3), sabiendo que podían encontrar en aquellas palabras el significado de los acontecimientos vividos. La reacción al anuncio de aquellas palabras fue la emoción y las lágrimas".
Y el episodio de los discípulos de Emaús, cuando Jesús se muestra como el mejor exégeta, interpretando y explicando las Escrituras, y “puesto que las Escrituras hablan de Cristo, nos ayudan a creer que su muerte y resurrección no pertenecen a la mitología, sino a la historia y se encuentran en el centro de la fe de sus discípulos”. 

De la consideración de tanta riqueza que encontramos en los textos sagrados, “nos urge la necesidad de tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura y con el Resucitado, que no cesa de partir la Palabra y el Pan en la comunidad de los creyentes”. Además, el Papa pone de relieve el protagonismo del Espíritu Santo en la Sagrada Escritura, pues Él “transforma la Sagrada Escritura en Palabra viva de Dios, vivida y transmitida en la fe de su pueblo santo”. “La acción del Espíritu Santo no se refiere solo a la formación de la Sagrada Escritura, sino que actúa también en aquellos que se ponen a la escucha de la Palabra de Dios”. En este mismo sentido “la Sagrada Escritura realiza su acción profética sobre todo en quien la escucha. Causa dulzura y amargura”. Aquí la referencia clara es a la vocación de Ezequiel (3, 3) 

Que exige al profeta engullir el rollo de la Palabra, y al Apocalipsis (10, 10), donde el vidente y evangelista debe realizar el mismo gesto de Ezequiel.
“La dulzura de la Palabra de Dios nos impulsa a compartirla con quienes encontramos en nuestra vida para manifestar la certeza de la esperanza que contiene (cf. 1P 3, 15-16). Por su parte, la amargura se percibe frecuentemente cuando comprobamos cuán difícil es para nosotros vivirla de manera coherente, o cuando experimentamos su rechazo porque no se considera válida para dar sentido a la vida. Por tanto, es necesario no acostumbrarse nunca a la Palabra de Dios, sino nutrirse de ella para descubrir y vivir en profundidad nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos”.

Las implicaciones concretas que trae nutrirse con la Palabra de Dios se verifican en el amor y la misericordia; y al referirse a esta enseñanza, el Papa comenta brevemente la parábola del pobre Lázaro y el epulón (cf. Lc 16), de donde concluye: “Escuchar la Sagrada Escritura para practicar la misericordia: este es un gran desafío para nuestras vidas. La Palabra de Dios es capaz de abrir nuestros ojos para permitirnos salir del individualismo que conduce a la asfixia y la esterilidad, a la vez que nos manifiesta el camino del compartir y de la solidaridad”. 

También la transfiguración, donde aparecen Moisés y Elías, representando a toda la Escritura (Ley y Profetas), es interpretada como paradigma de lo que sucede con la Sagrada Escritura misma, pues “se trasciende a sí misma cuando alimenta la vida de los creyentes”. Y antes de concluir, no podía faltar la referencia a María santísima, como aquella mujer reconocida como “bienaventurada porque creyó en el cumplimiento de lo que el Señor le había dicho 
(cf. Lc 1, 45)”. Ella “cree en el cumplimiento de la Palabra de Dios”, y fue dichosa por escuchar y poner en práctica esa Palabra, más que por el hecho de ser madre biológica del Mesías.

2.    Fundamento bíblico
Dado que se trata de motivar la celebración del Domingo de la Palabra de Dios, abundan en el documento las referencias explícitas e implícitas a textos de la Sagrada Escritura; especialmente aquellos donde se pone en evidencia la importancia y centralidad de la Palabra en la vida y misión del Pueblo de Dios.

Del Antiguo Testamento sobresalen Dt 30, 14 que hace las veces de colofón y broche de oro de esta carta apostólica. Ne 8, 1-10, que como ya se dijo es no solo citado sino también comentado de manera muy bonita por el papa Francisco, pues representa una especie de modelo práctico de lo que se espera que sea la jornada dedicada a la Palabra de Dios, cada tercer domingo del tiempo ordinario. Y Ez 3, 1-11, referido por la elocuencia del gesto cumplido por el profeta, al deber engullir el rollo de la Palabra de Dios, para luego ir a proclamar esa Palabra en su ministerio profético.

Del Nuevo Testamento son muy abundantes las citas, especialmente las tomadas del evangelio de Lucas, referidas a contextos muy significativos en la intencionalidad catequética del tercer evangelio (cf. Lc 1, 45 –María, dispuesta a permitir que se cumpla en ella la Palabra de Dios–; 4, 21 –texto programático del evangelio, en la sinagoga de Nazaret–; 8, 19-21 –referida por la cita de san Agustín, donde se afirma que la familia de Jesús no se limita al parentesco biológico, sino al discipulado: escuchar y vivir la Palabra–; 9, 28-36 –la transfiguración–; 16, 19-31 –parábola del epulón y el pobre Lázaro–; 24, 13-35 –aparición del Resucitado a los discípulos de Emaús–; 24, 36-49 –aparición del Resucitado a los Once y demás discípulos, inmediatamente después del episodio de los discípulos de Emaús–). 

También hay citas tomadas de los escritos paulinos: 1Ts 2, 11-13 –los tesalonicenses acogieron el anuncio del Evangelio como verdadera Palabra de Dios–; 1Co 15, 3-5 –que contiene el núcleo del kerigma evangélico–; Rm 10, 17 –donde se resalta la importancia de la predicación de la Palabra para suscitar la fe que lleva a la salvación–; 2Co 3, 6 –mientras la letra mata, el Espíritu da vida–; y 2Tm 3, 15-16 –Timoteo conoce las Sagradas Escrituras desde la infancia, y Pablo le recuerda las funciones y potencialidad de dichas Escrituras–. Además, el Papa cita otros textos como Mt 13, 52 –en la conclusión del discurso parabólico, una misma parábola ilustra la enseñanza de Jesús, como un padre de familia que saca del cofre de los tesoros lo nuevo y lo antiguo–; 1P 3, 15-16 –donde se exhorta a saber dar razón de la esperanza– y del Apocalipsis 3, 20 –el maestro que está a la puerta llamando…–; y 10, 10 –la referencia a la necesidad de que el evangelista-vidente se coma el rollo de la Palabra de Dios–.

3.    En perspectiva del ministerio pastoral
Sin perder de vista que todo el documento implica directamente a todo agente de pastoral en razón de su ministerio al servicio de la Palabra, hay unas exhortaciones del Papa dirigidas específicamente a quienes en la Iglesia ejercen la misión de la predicación. Por supuesto que los agentes de pastoral son los primeros llamados a nutrirse de la Palabra y cultivar aquella familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura y con el Resucitado, a la que exhorta el Papa. El numeral 5 del motu proprio se dirige especialmente a los Pastores, como los primeros “que tienen la gran responsabilidad de explicar y permitir que todos entiendan la Sagrada Escritura. Puesto que es el libro del pueblo, los que tienen la vocación de ser ministros de la Palabra deben sentir con fuerza la necesidad de hacerla accesible a su comunidad”, según advierte el papa Francisco.
Y a renglón seguido, acerca de la homilía, agrega: “La homilía, en particular, tiene una función muy peculiar, porque posee 'un carácter cuasi sacramental'

Los agentes de pastoral son los primeros llamados a nutrirse de la Palabra y cultivar aquella familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura y con el Resucitado.

(Evangelii gaudium, 142). Ayudar a profundizar en la Palabra de Dios, con un lenguaje sencillo y adecuado para el que escucha, le permite al sacerdote mostrar también la 'belleza de las imágenes que el Señor utilizaba para estimular a la práctica del bien' (ídem). Esta es una oportunidad pastoral que hay que aprovechar.
De hecho, para muchos de nuestros fieles esta es la única oportunidad que tienen para captar la belleza de la Palabra de Dios y verla relacionada con su vida cotidiana. Por lo tanto, es necesario dedicar el tiempo apropiado para la preparación de la homilía. No se puede improvisar el comentario de las lecturas sagradas. A los predicadores se nos pide más bien el esfuerzo de no alargarnos desmedidamente con homilías pedantes o temas extraños. Cuando uno se detiene a meditar y rezar sobre el texto sagrado, entonces se puede hablar con el corazón para alcanzar los corazones de las personas que escuchan, expresando lo esencial con vistas a que se comprenda y dé fruto. Que nunca nos cansemos 
de dedicar tiempo y oración a la Sagrada Escritura, para que sea acogida 'no como palabra humana, sino, cual es en verdad, como Palabra de Dios'  (1Ts 2, 13)”.

También las palabras de Pablo a Timoteo, podemos interpretarlas como motivación del ministerio pastoral; de hecho, el conocimiento de las Sagradas Escrituras desde tierna edad, permite encontrar en ellas la inspiración para el servicio a la evangelización de nuestro pueblo, recordando que esa Palabra es “útil para enseñar, para argüir, para corregir, y para educar en la virtud” (2Tm 3, 16), que representa una parte fundamental en la tarea pastoral de los ministros de la Iglesia.

4.    Reconocimiento de un pionero
La propuesta del papa Francisco, en torno al Domingo de la Palabra de Dios, llega a nuestra Iglesia actual como un precioso impulso para todos los esfuerzos que ya se hacen en la animación bíblica de la pastoral; y en este sentido, es también un reconocimiento de tantos “profetas” y pioneros que llevan ya un significativo camino recorrido en este empeño. Entre ellos sobresale el Beato P. Santiago Alberione, fundador de la Familia Paulina. Ya en noviembre de 1923, Don Alberione, con sus hijos e hijas espirituales, da inicio a un gran movimiento en el campo bíblico, promoviendo una “campaña del evangelio” en todas las parroquias, escuelas y familias, y para ello edita los evangelios y Hechos de los Apóstoles, en una nueva traducción hecha a partir de la Vulgata, a costo de una lira cada ejemplar, motivado por la convicción de que así como se distribuye a Jesús-Hostia en la Iglesia, hay que también distribuir a Jesús-Palabra.

A inicios de 1925 los talleres paulinos publican la nueva traducción de las Cartas de san Pablo, también a una lira cada ejemplar. Y ese mismo año, el 15 de marzo, el P. Alberione propone la celebración de la “Fiesta del Santo Evangelio”. En 1926 se registran dos nuevas iniciativas: a) la invitación a los Cooperadores a cultivar chopos canadienses, muy adecuados para fabricar el papel del libro del Evangelio; b) la “Jornada de la Buena Prensa” o, mejor, “del apostolado de la Buena Prensa”. Hasta que entre los años 1929 y 1933 se llega a la publicación de toda la Biblia en las lenguas principales. Y así como el papa Francisco nos ofreció el motu proprio “Aperuit illis” para motivar su propuesta, en 1933 el Padre Alberione publicó un librito llamado Leed las Sagradas Escrituras, donde ofrece treinta consideraciones acerca de la importancia y el significado del Libro Sagrado.

De allí en adelante, hasta la fecha de su muerte en 1971, las iniciativas del Beato Alberione en torno a la publicación, edición, comentario y celebración de la Palabra de Dios en la Iglesia se van haciendo cada vez más abundantes, significativas y modernas, pues irá abriendo campos al apostolado bíblico en todos los continentes a donde llegan sus hijos e hijas, y asumiendo la riqueza y potencialidad de los diversos medios de comunicación que van surgiendo del ingenio humano y de la providencia divina. Se puede, de esta manera concluir que, “en el dinamismo desde la Biblia al mundo y desde el mundo a la Biblia, el P. Alberione vivió todo su testimonio humano, cristiano, sacerdotal, apostólico, y esta sigue siendo su herencia más verdadera”.1


1.  Cf. PIERINI, Franco, “El P. Alberione y la Biblia”, en: “Compartir el Pan de la Palabra”, Dossier para el año bíblico paulino 1991-1992, Roma, 1991, págs. 9-27.