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Santa Misa III Domingo de Pascua



Santa Misa III Domingo de Pascua

PARA MEDITAR

Pedro y los otros seis discípulos salen del encierro del cenáculo y se lanzan fuera, hacia el mar para pescar, pero después de toda una noche de fatiga, no pescan nada. Es la oscuridad, la soledad, la incapacidad de las fuerzas humanas. Finalmente despunta el alba, vuelve la luz y aparece Jesús erguido sobre la ribera del mar. Pero los discípulos no lo reconocen todavía: tienen necesidad de realizar un camino interior muy fuerte. La iniciativa es del Señor que, con sus palabras, les ayuda a tomar conciencia de su necesidad de su condición: no tienen nada para comer. Entonces los invita a tirar otra vez la red. La obediencia a su Palabra cumple el milagro y la pesca es superabundante. Juan, el discípulo del amor, reconoce al Señor y grita su fe a los otros discípulos. Pedro se adhiere inmediatamente y se arroja al mar para alcanzar lo más pronto a su Señor y Maestro. Los otros, a su vez, se acercan, arrastrando la barca y la red.

PARA REFLEXIONAR

  • ¿Estamos dispuestos a arrojarnos en el mar de la misericordia del amor del Padre?
  • ¿De verdad queremos entregarle a Él toda nuestra vida confiándole nuestras esperanzas y nuestras desilusiones?

ORACIÓN

Envía, Padre, tu santo Espíritu, para que la noche infructuosa de nuestra vida se transforme en el alba radiante en la que reconocemos a tu Hijo Jesús presente en medio de nosotros. Amén.


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