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Santa Misa II Domingo de Pascua



Santa Misa II Domingo de Pascua

PARA MEDITAR

Jesús continúa describiendo la misión del Paráclito, es decir, del Espíritu Santo. El término “Paráclito” significa “abogado”, es decir, apoyo, asistente. Aquí el Paráclito viene indicado como el acusador en un proceso que se realiza ante Dios, en el cual el imputado es el mundo, culpable de condenar a Jesús: “Demostrará la culpa del mundo referente al pecado, a la justicia y al juicio”.

Con el envío el Espíritu Santo, tenemos la oportunidad de ahondar en su misterio más profundo, en el “fondo del misterio de Dios”. Para entrar en ese fondo, debemos liberar nuestro corazón de la tristeza y la melancolía y abrirnos a la acción del Espíritu a través de la Escritura, de nuestra adhesión a Jesucristo y nuestra pertenencia activa y gozosa a la comunidad eclesial. El Defensor nos conducirá al amor pleno y verdadero, a la alegría perfecta en el Señor.

Los discípulos sienten la tristeza de la futura ausencia de Jesús, porque todavía no han conocido bien lo que el Espíritu Santo va a realizar en ellos. Pero cuando reciban el Espíritu Santo comprenderán mejor su obra. La ausencia física de Jesús no es obstáculo para creer en Dios, para creer en Él. Será el Espíritu Santo el que obre en los apóstoles una nueva convicción más fuerte que estando con Jesús, pues ante la cruz huyeron casi todos y, sin embargo, afrontaron muchas persecuciones, enfrentándolas con valentía.

PARA REFLEXIONAR

  • ¿Tenemos el mismo miedo y preocupación que tenían los discípulos de perder a Jesús? ¿Nos dejamos conducir por el Espíritu Paráclito que nos conduce a conocer la verdad sobre Jesús?

ORACIÓN

Dios de bondad, quédate con nosotros y guárdanos en tu amor. Concédenos que te veamos dondequiera tú vienes a nuestro encuentro. Haz que muy cerca de nosotros, en aquellos que nos rodean, descubramos tu rostro. Amén.


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