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Celebremos el Domingo

20 Septiembre 2020


No. 1144 – VIGESIMOQUINTO DOMINGO ORDINARIO – CICLO A

Esta semana / Septiembre 20

¡El mensaje!

Los trabajadores estaban en su labor en el campo, cuando de repente un animal furioso los atacó y tuvieron que huir. Para saber que animal fue une los puntos y lo descubrirás.

 

San Lino Papa y mártir

(23 de septiembre))

Lino nació en Tuscia (Italia) entre los años 20 y 30 d.C. Pertenecía a una familia cristiana, de la cual aprendió la humildad y a servir a los demás con amor y generosidad. Según algunos textos de san Ireneo, Lino conoció personalmente a san Pablo y al apóstol Pedro, quien al ver su santidad de vida y su capacidad de gobierno, lo eligió como su sucesor en la guía de la comunidad local de Roma. Lino se convirtió así en el segundo Papa en la historia de la Iglesia. Lino ejerció su labor como Papa del año 67 al 76 aproximadamente. Fueron años difíciles para la Iglesia, a causa de la terrible persecución de Nerón hacia los cristianos. Sin embargo, a pesar de las dificultades, Lino logró continuar la misión de los primeros apóstoles, motivando a hombres y mujeres para que siguieran dando a conocer la Palabra de Dios. A los hombres que deseaban unirse más al servicio de la Iglesia los ordenó obispos y presbíteros, y a las mujeres les permitió entrar con la cabeza cubierta a las celebraciones en los templos. Después de una ardua misión, Lino murió mártir en el año 76 en Roma y fue sepultado al lado de la tumba del apóstol san Pedro, en la basílica que hoy lleva su nombre. 

 

Oración de los Fieles

  • Para que el Papa sea fortalecido con la oración de toda la Iglesia y pueda transmitir, con la palabra y el ejemplo, la alegría del Evangelio. Oremos.
  • Para que los gobernantes de las naciones sean bondadosos y su trabajo esté motivado solo por la búsqueda del bienestar de todas las personas. Oremos.
  • Para que la paz, el amor y el diálogo reine siempre en los hogares, de modo que siempre haya respeto y amistad entre todos los miembros. Oremos.

Mi mensaje

Con la parábola de los obreros de la viña, Jesús nos enseña que la forma como Dios muestra su bondad y su misericordia es bien distinta a nuestra manera de pensar, muchas veces mezquina y calculadora. En tiempos de Jesús, algunas personas se escandalizaban porque Él ofrecía la misma salvación a los pecadores, a los excluidos y marginados e, incluso, a los paganos. Hoy estamos invitados a no mostrarnos celosos ante la bondad de Dios, porque, para Él, no hay nadie superior ni inferior, todos somos iguales a sus ojos y merecemos ser felices. Para los seguidores de Jesús, el egoísmo y el individualismo no encuentran espacio, porque en su corazón reina la bondad y la justicia. Y para ser bonda- dosos, no hay que hacer algo extraordinario, pues se expresa en actos concretos y cotidianos.

Salmo 144

R/. R/. Bendeciré al Señor eternamente.

  • Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza. R.
  • El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R.
  • El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. R.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (20, 1-16).

Jesús es bondadoso como el Padre


Jesús les dijo a sus discípulos:

–Jesús les contó a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de acordar con ellos de pagarles un denario por día, los mandó a trabajar a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo:

–Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo. Salió de nuevo a mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban en la plaza y les dijo

: –¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar? Y ellos respondieron:

–Porque nadie nos ha contratado. Él les dijo:

–Vayan también ustedes a mi viña. Al atardecer, el dueño de la viña le dijo al administrador:

–Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros. Se acercaron los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno. Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciendo:

–Esos que llegaron al último solo trabajaron una hora y les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor. Pero él respondió a uno de ellos:

–¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó de último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque soy bueno? De igual manera, los últimos serán los primeros, y los prime- ros, los últimos.

Celebrante: Palabra del Señor.

Todos: Gloria a ti, Señor Jesús.

Canto

Los que tienen

Los que tienen y nunca se olvidan que a otros les falta. Los que nunca usaron la fuerza sino la razón. Los que dan una mano y ayudan a los que han caído; esa gente es feliz porque vive muy cerca de Dios.

Aleluya, aleluya, por esa gente que vive y que siente, en su vida al Señor. Aleluya, aleluya... por esa gente que vive y que siente, en su vida al Señor./.


Oración

Ayúdanos, Oh Dios, te alabamos y te bendecimos por tu bondad y tu misericordia que tienes para todos tus hijos; ayúdanos a comprometernos con empeño en la realización de buenas obras para el bienestar de los más necesitados. Amén.

Complementen la meditación del Evangelio de este día compartiendo en familia la siguiente historieta:


Dios y la huerta

Un campesino había adquirido una parcela de tierra que estaba llena de malas hierbas, pero, a punta de trabajo la había transformado en una huerta magnífica. Por casualidad, una tarde pasó por allí el párroco. Al ver todas esas maravillosas hortalizas, no pudo menos que felicitarlo: –Tú y el buen Dios han realizado un trabajo magnífico. El campesino le respondió: –Sí, pero si usted hubiera visto cómo era esta parcela cuando Dios era el único que se interesaba por ella.


El trabajo del hombre bueno siempre será recompensado por el Señor.