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Celebremos el Domingo

10 Noviembre 2019


No. 1094 – XXXII domingo Ordinario – Ciclo C

Esta semana / Noviembre 10

¡El mensaje!


El evangelio de hoy es difícil. Jesús se enoja que le pregunten algo que los judíos debían saber. Es como si a nosotros nos preguntaran si nos sabemos el Padrenuestro. Así que Jesús de inmediato les dice: “Están equivocados”, no saben lo que preguntan. A nosotros no nos puede pasar eso. Debemos empezar a conocer nuestra fe, iniciar conociendo las oraciones básicas, saber los temas básicos de las catequesis. ¿Y sabes quiénes te pueden enseñar esas cosas? Tus papás.
Cuando tengas una duda, pregúntale a tus papás, ellos te contestarán y resolverán tu duda. Así irás creciendo y conociendo sobre tu Iglesia, y lo más importante es que cada día tendrás dudas, y entre más tengas más querrás conocer. Que no te dé miedo ni pena preguntar, el que pregunta siempre quiere saber más. Conoce más sobre tu Iglesia, sobre nuestra Iglesia.

 

San Serapio (Mártir) 

Nació hacia el año 1179 en Londres y era hijo de un destacado militar de la corte de Enrique II. Desde niño tuvo una vida bastante tranquila y aventurera, por ello no dudó en seguir los pasos de su padre en la vida militar. Como soldado prestó sus servicios en el ejército de Ricardo Corazón de León y más adelante en la compañía de Leopoldo VI, duque de Austria. Al ver la cantidad de abusos que se cometían contra la dignidad humana, en 1221 decidió cambiar de vida y entró a la orden de Santa María de La Merced, para ayudar a Pedro Nolasco en el rescate de los esclavos que los musulmanes tenían como prisioneros en el norte de África.
En su nueva labor de ayuda a los prisioneros, Serapio fue llevado preso a Argel, pero allí sobresalía por su gran derroche de amor, caridad y entrega con los cautivos, por quienes se esforzó todo el tiempo para que conocieran el nombre de Cristo. Cuando los jefes mahometanos se dieron cuenta de lo que estaba haciendo Serapio, lo torturaron cruelmente y luego lo clavaron a una cruz en forma de aspa y allí murió el 14 de noviembre de 1240. Su canonización se dio el 24 de agosto de 1743.

Oración de los Fieles

  • Por la Iglesia: que lleve al hombre de nuestro tiempo la Palabra que es verdad y vida, y alimente en él el deseo de dejarse guiar por la vía que conduce a la salvación.  Oremos.
  • Por los matrimonios, para que Dios los acompañe siempre infundiéndoles su amor para llevar a cabo la misión de ser Iglesia doméstica en el mundo, cultivadora de valores y de cultura.  Oremos.
  • Por todos nosotros, para que no olvidemos la Alianza que Dios ha hecho con nosotros por medio de su Hijo, y podamos creer en su Palabra sin cuestionamientos.  Oremos.

Mi mensaje

El evangelio de hoy es difícil. Jesús se enoja que le pregunten algo que los judíos debían saber. Es como si a nosotros nos preguntaran si nos sabemos el Padrenuestro. Así que Jesús de inmediato les dice: “Están equivocados”, no saben lo que preguntan. A nosotros no nos puede pasar eso. Debemos empezar a conocer nuestra fe, iniciar conociendo las oraciones básicas, saber los temas básicos de las catequesis. ¿Y sabes quiénes te pueden enseñar esas cosas? Tus papás.
Cuando tengas una duda, pregúntale a tus papás, ellos te contestarán y resolverán tu duda. Así irás creciendo y conociendo sobre tu Iglesia, y lo más importante es que cada día tendrás dudas, y entre más tengas más querrás conocer. Que no te dé miedo ni pena preguntar, el que pregunta siempre quiere saber más. Conoce más sobre tu Iglesia, sobre nuestra Iglesia.

Salmo 16

R/. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor.

  • Señor, escucha mi apelación,
    atiende a mis clamores,
    presta oído a mi súplica.   
    R.
  • Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,
    y no vacilaron mis pasos.
    Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío,
    inclina el oído y escucha mis palabras.   
    R.
  • Guárdame como a las niñas de tus ojos,
    a la sombra de tus alas escóndeme.
    Yo con mi apelación vengo a tu presencia,
    y al despertar me saciaré de tu semblante. 
    R.

Lectura del santo evangelio san Lucas (20, 27-38).

Un Dios de vivos, no de muertos
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos saduceos. Como los saduceos niegan la resurrección de los muertos, le preguntaron:
–Maestro, Moisés nos dejó escrito que si alguno tiene un hermano casado que muere sin haber tenido hijos, se case con la viuda para dar descendencia a su hermano. Hubo una vez siete hermanos, el mayor de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo, el tercero y los demás, hasta el séptimo, tomaron por esposa a la viuda y todos murieron sin dejar sucesión. Por fin murió también la viuda. Ahora bien, cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa la mujer, pues los siete estuvieron casados con ella?”.
Jesús les dijo:
–En esta vida, hombres y mujeres se casan, pero en la vida futura, los que sean juzgados dignos de ella y de la resurrección de los muertos, no se casarán ni podrán ya morir, porque serán como los ángeles e hijos de Dios, pues Él los habrá resucitado.
Ante las palabras de Jesús, los saduceos quedaron sin palabras.
Y Jesús añadió:
–Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para Él todos viven.


Celebrante: Palabra del Señor.
Todos: Gloria a ti, Señor, Jesús.

Canto

Mira lo que hizo mi Jesús
Mira lo que hizo mi Jesús,
mira lo que hizo mi Jesús,
me levantó y me liberó,
mira lo que hizo mi Jesús. 
Caminando por la senda voy,
caminando por la senda voy, 
de prueba en prueba, 
victoria tras victoria, 
caminando por la senda voy.


Oración

Querido Dios, te quiero agradecer por el don de la vida que me has regalado, haz que cumpla tu voluntad y pueda comprender que tú eres el único que da la vida eterna a quienes escuchamos tu Palabra.  Amén.

Complementen la meditación del evangelio de este día compartiendo en familia la siguiente historieta:


La codorniz y la lechuza

En cierta ocasión, una codorniz, al ver que la lechuza estaba preparando equipaje, le preguntó:
–¿Adónde quieres ir?
La lechuza respondió:
–Voy al Oriente.
–¿Y por qué? ¿No te encuentras bien aquí? –le preguntó la codorniz.
−La gente de la aldea odia mis versos tan ruidosos. Por eso he decidido irme... –respondió la lechuza.
Entonces la codorniz dijo:
–Lo que tú deberías hacer es cambiar tu voz ruidosa. Si no sabes hacerlo, serás mal vista en todas partes.


En ocasiones creemos que el error viene de afuera y no reflexionamos sobre nuestro ser.