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Celebremos el Domingo

20 Octubre 2019


No. 1091 – Vigesimonoveno Domingo Ordinario – Ciclo C

Esta semana / Octubre 20

¡El mensaje!


¿Qué nos quiere dejar en claro Jesús con la parábola del juez injusto y la viuda inoportuna? Iniciando donde lo indica la flecha y saltando de a dos letras, podrás completar un maravilloso mensaje que Jesús nos quiere transmitir en este día.

Santa Laura Montoya

La primera santa de Colombia, nació el 26 de mayo de 1874 en un pueblito de Antioquia, llamado Jericó. Hasta la edad de tres años, la niña vivió con sus padres Juan de la Cruz Montoya y Dolores Upegui, pero luego, debido a que su padre fue asesinado por los enemigos políticos, quedó bajo el cuidado de sus abuelos, de quienes recibió una buena educación humana y cristiana, y a su lado aprendió de memoria todo el catecismo.
Cuando terminó sus estudios secundarios fue nombrada directora del Colegio de la Inmaculada de Medellín. Aunque deseaba permanecer allí, Laura recordó cómo Dios le había hablado mientras veía el trajín laborioso de un gran hormiguero y entonces sintió que su misión era enseñar el Evangelio a las comunidades indígenas. El 5 de mayo de 1914, en compañía de cuatro valientes jóvenes, salió para Dabeiba, Antioquia, a iniciar lo que ella llamó la “obra de los indios” y fundó la Congregación de las Misioneras de María Inmacu­lada y Santa Catalina de Siena. Hasta el día de su muerte, el 21 de octubre de 1949, la única preocupación de Laura fue dar a conocer el amor de Dios a la gente pobre y humilde, especialmente a los indígenas. Por sus grandes virtudes y milagros, el papa Francisco la canonizó el 12 de mayo de 2013.

Oración de los Fieles

  • Por los miembros de nuestra comunidad, para que la oración restablezca las relaciones fraternas y todos estemos atentos a escuchar a los débiles y humildes.   Oremos.
  • Por los jóvenes que experimentan crisis a causa de su edad, para que haya personas iluminadas por el Espíritu Santo que los sepan guiar por los caminos del bien.  Oremos.
  • Por los niños más necesitados de nuestra sociedad, para que el amor de Dios los acompañe y aparte de ellos todas aquellas cosas que ultrajan sus derechos y deberes. Oremos.

Mi mensaje

El evangelio de hoy nos invita a ser constantes e insistentes en la oración: hay que orar siempre y sin cansarse es lo que nos recuerda Jesús. Tenemos que asumir la misma actitud de aquella viuda indefensa que clama justicia ante un juez indiferente y despiadado: nunca se desanimó y su invencible constancia logró que finalmente fuera escuchada.
Es cierto que muchas veces nos da pereza orar, por eso debemos empezar con algo sencillo y espontáneo, así como cuando nos dirigimos a papá o a mamá con tiernas frases de cariño. Hay oraciones tan sencillas como el Padrenuestro, el Avemaría o la oración al Ángel de la Guarda, las cuales nos ayudan a crear en nosotros el hábito de orar, mientras vamos aprendiendo a hacerlo con nuestras propias palabras, de manera muy sencilla, expresando nuestro agradecimiento por lo que recibimos a diario y pidiendo por el bienestar de nuestros amigos y familiares.

Salmo 120

R/.  El auxilio me viene del Señor.

  • La mirada dirijo hacia la altura
    de donde ha de venirme todo auxilio.
    El auxilio me viene del Señor,
    que hizo el cielo y la tierra.   
    R.
  • No dejará que des un paso en falso,
    pues es tu guardián y nunca duerme.
    No, jamás se dormirá o descuidará
    el guardián de Israel.   
    R.
  • El Señor te protege y te da sombra,
    está siempre a tu lado.
    No te hará daño el sol durante el día
    ni la luna, de noche. 
    R.

Lectura del santo evangelio san Lucas (18, 1-8).

“Oren en todo momento”

En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola:
–En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle:
–Hazme justicia contra mi adversario.
Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo:
–Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando.
Dicho esto, Jesús comentó:
–Si así pensaba el juez injusto, ¿creen ustedes acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen ustedes que encontrará fe sobre la tierra?

Celebrante: Palabra del Señor.
Todos: Gloria a ti, Señor, Jesús.

Canto

Una vez más rezaré
Una vez más rezaré,
de rodillas me pondré,
de seguro una vez más, Él me perdone.
Le diré que he fallado,
que pequé, pues soy humano,
de seguro una vez más, Él me perdone.
Para un Dios que conoció la tentación,
del amigo la traición,
yo no dudo me perdone, Dios amigo.
Para un Dios que conoció la tentación,
del amigo la traición,
yo no dudo me perdone, 
Dios amigo, Dios amor.


Oración

Dios todopoderoso, regálanos la fe inquebrantable y la confianza insistente de la viuda desamparada. Ayúdanos a reconocer con humildad que tú puedes hacer todas las cosas y que lejos de ti nada es posible, porque somos débiles y no tenemos protección. Amén.

Complementen la meditación del evangelio de este día compartiendo en familia la siguiente historieta:


¡Las cuatro batallas!

En una ocasión, un señor fue a visitar a un ermitaño 
y le dijo: 
–Si uno vive así, totalmente solo, le resulta imposible pecar. 
El ermitaño le respondió: 
–Has de saber que el ermitaño es aquel a quien se le evitan ciertamente tres batallas, es decir, la batalla de los ojos, la de la lengua y la de los oídos, pero le queda faltando la cuarta. 
–¿Cuál es? –preguntó el visitante. 
El ermitaño respondió: 
–La batalla del corazón. 


¡Luchemos siempre para que nuestro corazón gane todas las batallas contra el mal, que es nuestro peor adversario!