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Celebremos el Domingo

01 Septiembre 2019


No. 1084 – Vigesimosegundo Domingo Ordinario – Ciclo C

Esta semana / Septiembre 01

¡El mensaje!


¿Cuál de los siguientes invitados está sentado en una silla que no le pertenece? Lo podrás identificar porque es el único que tiene un pequeño detalle que no corresponde con su imagen. 

Zacarías (Profeta) 

Zacarías nació en Galaad y era hijo de Baraquías, quien pertenecía a la tribu de Leví. Su nombre significa “El Señor recuerda” y es uno de los llamados profetas menores debido a que su libro, el cual lleva su nombre, no es tan largo, pero ocupa un lugar de interés por el conjunto de oráculos proféticos que anuncian el fin del mundo y el doble juicio divino. 

El ministerio de Zacarías duró hasta la finalización del templo de Jerusalén. Con sus exhortaciones, visiones y parábolas anunciaba la invitación de Dios a la penitencia, como condición para que se cumplieran todas las promesas. Sus profecías hacían resaltar el carácter espiritual del nuevo Israel; su santidad, realizada progresivamente, a la par con la reconstrucción material, anunciaba la venida de un Mesías que traería la paz a las gentes y un Reino que se extendería de un mar a otro. Zacarías murió de edad muy avanzada y fue enterrado junto a la tumba del profeta Ageo. Zacarías es representado en la iconografía con el candelabro de siete brazos descrito en sus visiones.

Oración de los Fieles

  • Ayuda, Señor, para que las personas aprendan a conseguir las cosas para vivir con esfuerzo y aleja de sus corazones el deseo de ir por el camino fácil y cómodo. Oremos.
  • Haz, Señor, que la vida de tus fieles no se empobrezca por la superficialidad y la incoherencia, sino que respondan generosamente a tu llamada de libertad y de amor.  Oremos.
  • Acompaña, Señor, a los niños y a los jóvenes, para que aprovechen sus múltiples dones para el crecimiento de sus vidas y aprendan a ser humildes y sencillos. Oremos.

Mi mensaje

Jesús, en el evangelio de hoy, nos hace una invitación a la humildad y a la generosidad. Lamentablemente en la sociedad actual cada vez es más complicado poner en práctica estas virtudes, pues siempre se buscan los intereses personales sobre el bien común. El mejor ejemplo de esta enseñanza es el mismo Jesús, quien no vino a ser servido sino a servir, y en la noche de la Última Cena se quitó el manto, se ciñó una toalla y se puso a lavarles los pies a sus discípulos. 

También Jesús nos llama a ser generosos: no necesariamente tenemos que compartir el alimento material con los demás; también podemos dar generosamente parte de nuestro tiempo para acompañar a alguien que viva en soledad o para explicar la tarea a un compañero que tenga dificultades. Hay muchas formas de hacer el bien de manera desinteresada.

Salmo 67

R/. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres.

  • Ante el Señor, su Dios,
    gocen los justos, salten de alegría.
    Entonen alabanzas a su nombre.
    En honor del Señor toquen la cítara. 
    R.
  • Porque el Señor, desde su templo santo,
    a huérfanos y viudas da su auxilio;
    Él fue quien dio a los desvalidos casa,
    libertad y riqueza a los cautivos.   
    R.
  • A tu pueblo extenuado diste fuerzas,
    nos colmaste, Señor, de tus favores
    y habitó tu rebaño en esta tierra,
    que tu amor preparó para los pobres.  
    R.

Lectura del santo evangelio san Lucas (14, 1.7-14).

¿A quién invitamos?

Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y estos estaban espiándolo. Mirando cómo los convidados escogían los primeros lugares, les dijo esta parábola:
“Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: ‘Déjale el lugar a este’, y tengas que ir a ocupar, lleno de vergüenza, el último asiento. Por el contrario, cuando te inviten, ocupa el último lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate a la cabecera’. Entonces te verás honrado en presencia de todos los convidados. Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido”.
Luego dijo al que lo había invitado:
“Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos”.

Celebrante: Palabra del Señor.
Todos: Gloria a ti, Señor, Jesús.

Canto

Nadie hay
/Nadie hay tan grande como tú,
nadie hay, nadie hay/.
/¿Quién habrá que haga maravillas
como las que haces tú?/.

/No es con la fuerza ni la violencia
como el mundo cambiará/.
/Solo el amor lo cambiará
solo el amor nos salvará/.


Oración

Oh Dios, pon en nuestros corazones tus sentimientos de amor y humildad, para que compartamos nuestras vidas con los pobres, viviendo con ellos la amistad. Líbranos de actuar pensando en nuestros propios intereses y abre nuestro corazón al servicio 
de los demás. Amén.

Complementen la meditación del evangelio de este día compartiendo en familia la siguiente historieta:


¡Sorpresa en el desierto!

Un hombre se había perdido en el desierto y después de dos días de caminar por la arena caliente, se encontró con un vendedor de corbatas. El vendedor vio que el hombre llevaba un anillo de oro y le ofreció una corbata a cambio del anillo. Con la lengua y la garganta resecas, el hombre le contestó enfurecido:
–¿Cómo te atreves a vender una corbata a un hombre que se muere de sed en medio del desierto?
El comerciante recogió sus corbatas y continuó su camino. El hombre sediento también siguió avanzando hasta que, de repente, alzó la cabeza y vio un lujoso restaurante, con un parqueadero lleno de magníficos automóviles. Al ver esa gran construcción en pleno desierto, el hombre se acercó al vigilante y le pidió que lo dejara entrar a tomar agua. Entonces el vigilante le respondió:
–Lo siento mucho, señor, pero aquí solo pueden entrar las personas que traigan corbata.


¡No permitamos que el orgullo nos aleje de las mejores cosas de la vida!