PRIMERA LECTURA
Del libro de Isaías 49, 3.5-6
Me dijo el Señor: “Tú eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré”. Y ahora dice el Señor, el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolviese a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios. Y mi Dios era mi fuerza: “Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 39
R.Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
• Yo esperaba con ansia al Señor; Él se inclinó y escuchó mi grito. Me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. R/.
• Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios; entonces yo digo: “Aquí estoy”.R/.
• “−Como está escrito en mi libro− para hacer tu voluntad. Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas”. R/.
• He proclamado tu justicia ante la gran asamblea; no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes.R/.
EVANGELIO
Del santo Evangelio según san Juan 1, 29-34
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: ‘Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo’. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel”.
Y Juan dio testimonio diciendo: “He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre Él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre Él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”.
Palabra del Señor.
LECTIO DIVINA
HALLEN MEDITANDO
El profeta Isaías comienza con una pequeña parte del segundo canto del siervo del Señor (Is 49, 3.5-6). El texto enfatiza la tarea del siervo que se presenta a sí mismo en diálogo con Dios. En la vocación y la misión del siervo se destacan dos aspectos fundamentales. Por una parte, se trata de una misión que tiene un tono profético, pues el profeta mediante la palabra anuncia la voluntad de Dios. Por otra parte, la mención al seno materno (beṭen) constata la intervención divina desde antes del nacimiento. El Señor es quien elige; de Él depende el favor divino o el deseo de Dios en favor de su pueblo.
El Evangelio de Juan, por su parte, ubica de entrada al personaje principal mediante el verbo “venir” (erchomai). Seguidamente, el texto le confiere a Juan Bautista la posibilidad de ser testigo positivo y directo de Jesús para el lector. El testimonio de Juan tiene una primera afirmación: “He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (v. 29). Lo que el evangelista está comunicando de entrada es un título cristológico de Jesús que representa el carácter de la salvación.
El término “Cordero” (amnos) está acompañado por el genitivo “de Dios”, es decir, el texto dice que el Cordero viene de Dios, le pertenece a Dios, es dado por Dios. Junto al genitivo, encontramos la misión o el objetivo del Cordero: quitar el pecado del mundo. Se trata de una frase que precisa el don divino y la manera de obrar dando fin a la culpabilidad humana.
Releer las palabras del Evangelio de Juan nos recuerda la importancia de un trabajo espiritual que siempre le da al Señor el primer puesto. El Bautista, por ejemplo, tiene clara su misión frente a la misión del Mesías: “Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí” (v. 30).
En principio, la frase devela un personaje misterioso; después, se muestra la preexistencia: “porque existía antes que yo”. Notemos, además, la relación que se está dando entre los vv. 29 y 30. El primero presenta a Jesús desde la experiencia de la cruz; el segundo, renueva el argumento del origen y la relación con el Padre (Jn 1, 1).
Todo el texto del evangelio está en clave cristológica: el que camina hacia la cruz, es el mismo que siempre ha existido. Ahora bien, el texto nos permite caer en cuenta de un detalle importante con el empleo de la palabra “hombre” (anēr). Ella no está en un uso indeterminado, sino que aparece para resaltar la dimensión de la encarnación de Jesús. En otras palabras, Él es el que ha existido desde siempre, pero, a la vez, es el que se ha encarnado asumiendo la condición humana.
LLAMEN ORANDO
Tanto el profeta Isaías como el Evangelio de Juan interpelan mi vida en torno a la experiencia que tengo de Dios. La imagen del siervo que transparenta una vocación de entrega silenciosa y la imagen de Jesús que se ha quedado entre nosotros, me invitan a fijar la mirada en lo esencial. ¿Para qué vivir en un mundo cargado de soberbia?, mejor aún, ¿de qué nos sirve vivir del cuidado de la imagen? Juan Bautista aparece, de nuevo, con el testimonio de la pequeñez que evoca las palabras dichas con anterioridad: “Entre ustedes hay uno a quien no conocen, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia” (Jn 1, 26-27).
LES ABRIRÁN CONTEMPLANDO
Señor Jesús ayúdame a entender que la vida no es un tiempo de orgullo y vanidad. Hoy asumo el compromiso de aprender a darle espacio al Señor en mi vida y en el quehacer diario. Él existe desde siempre y yo estoy caminando tras sus pasos, pero no puedo pretender estar sobre su gracia y su amor. Amén.
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