Logo San Pablo

Pan de la Palabra


15 Enero 2026

  • Feria – Semana 1ª del tiempo Ordinario
  • Verde
  • San Francisco Fernández de Capillas.

PRIMERA LECTURA

Del Primer libro de Samuel 4, 1b-11

En aquellos días, salió Israel a la guerra contra los filisteos y acamparon en Ebenézer, mientras los filisteos acamparon en Afec. Los filisteos formaron frente a Israel, la batalla se extendió e Israel fue derrotado por los filisteos. Abatieron en el campo unos cuatro mil hombres de la formación. Cuando la tropa volvió al campamento, dijeron los ancianos de Israel: “¿Por qué nos ha derrotado hoy el Señor frente a los filisteos? Traigamos de Siló el Arca de la Alianza del Señor. Que venga entre nosotros y nos salve de la mano de nuestros enemigos”. El pueblo envió gente a Siló para que trajeran de allí el Arca de la Alianza del Señor del universo, que se sienta sobre querubines.

Allí, junto al Arca de la Alianza de Dios, se encontraban Jofní y Pinjás, los dos hijos de Elí. Cuando el Arca de la Alianza del Señor llegó al campamento, todo Israel prorrumpió en un gran alarido y la tierra se estremeció. Los filisteos oyeron la voz del alarido, y se preguntaron: “¿Qué es ese gran alarido en el campamento de los hebreos?”. Y supieron que el Arca del Señor había llegado al campamento.

Los filisteos se sintieron atemorizados y dijeron: “Dios ha venido al campamento”. Después gritaron: “¡Ay de nosotros!, nada parecido nos había ocurrido antes. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos poderosos dioses? Estos son los dioses que golpearon a Egipto con todo tipo de plagas en el desierto.

Filisteos, cobren fuerzas y pórtense como hombres, para que no tengan que servir a los hebreos, como les han servido a ustedes. Pórtense como hombres y luchen”. Los filisteos lucharon e Israel fue derrotado. Cada uno huyó a su tienda. Fue una gran derrota: cayeron treinta mil infantes de Israel. El Arca de Dios fue apresada y murieron Jofní y Pinjás, los dos hijos de Elí.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 43

R.Redímenos, Señor, por tu misericordia.​​​​​​

• Ahora nos rechazas y nos avergüenzas, y ya no sales, Señor, con nuestras tropas: nos haces retroceder ante el enemigo, y nuestro adversario nos saquea. R/.

Nos haces el escarnio de nuestros vecinos, irrisión y burla de los que nos rodean; nos has hecho el refrán de los gentiles, nos hacen muecas las naciones. R/.

Despierta, Señor, ¿por qué duermes? Levántate, no nos rechaces más. ¿Por qué nos escondes tu rostro y olvidas nuestra desgracia y opresión?. R/.

EVANGELIO

Del santo Evangelio según san Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: “Si quieres, puedes limpiarme”. Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero: queda limpio”. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.

Él lo despidió, encargándole severamente: “No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mando Moisés, para que les sirva de testimonio”.

Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a Él de todas partes.

Palabra del Señor.

 

 

LECTIO DIVINA

HALLEN MEDITANDO

Mc 1, 40-45 es uno de los textos que más puede tocar nuestra vida. Si bien es cierto que encierra un contenido teológico amplio, la reflexión de hoy se concentra en los gestos y acciones del hombre enfermo de lepra. El primer detalle dado por el evangelista inicia con el verbo “acercarse” (erchomai), no es una acción que el narrador dice de Jesús, sino del hombre anónimo que aparece en el texto. La acción que lo impulsa a buscar un encuentro con Jesús informa de la personalidad del leproso.

Él es un hombre conocedor de los milagros realizados por Jesús en otros lugares de la región. Además, es un hombre confiado en aquello que puede hacer el Señor en su vida. También es cierto que el leproso está ante una posibilidad y no tanto ante una certeza. El segundo gesto del leproso es ponerse de rodillas (gonypeteō). En esta acción, el evangelista presenta a un hombre que no tiene como principal objetivo la petición de una sanación directa, sino la expresión de su fe.

Es posible que el leproso hubiera perdido la esperanza de una sanación y, por ello, solo se arrodilla como reconocimiento de la grandeza del Hijo de Dios. Estar de rodillas es hacerse humilde y rendir la razón a la voluntad divina. La tercera acción del hombre con lepra es la súplica (“Le decía suplicante”). Con el detalle de la súplica, el evangelista evoca los gritos desesperados o la necesidad humana que se dirige a Dios: “Señor, mi Dios y salvador, a ti clamo noche y día; llegue mi súplica a ti, presta oído a mi clamor (Sal 88, 2). Una acción más del leproso la encontramos en su palabra: “Si quieres, puedes limpiarme” (v. 40).

Las palabras del leproso trasladan la situación a Jesús. Ya no es el hombre enfermo quien debe ocuparse de su dolor, sino Jesús quien debe desbordar su misericordia sobre la necesidad del suplicante. Es de notar que las palabras del leproso no solo piden el descanso a un cuerpo enfermo, sino también la reincorporación como sujeto a la sociedad.

El leproso es un hombre que siente y vive la frialdad y la indiferencia de los demás. En efecto, detrás de la enfermedad del personaje existe un escenario de exclusión y rechazo. Por tal razón, la idea del hombre enfermo es apelar a la voluntad de Jesús y no tanto determinar lo que Él debía hacer. La puesta en escena del personaje alcanza la compasión del Señor (v. 41).

Simbólicamente, el gesto de Jesús es una concretización del clamor del leproso. A las palabras “si quieres” corresponde la respuesta “quiero”. Pero no solo esto. Ante la actitud humilde del personaje, Jesús responde de una manera desconcertante: “lo tocó”. El tocar de Jesús supera las expectativas del suplicante. El tacto simboliza un espacio compartido entre Jesús y el leproso del evangelio, un espacio simbólico de solidaridad que transforma y regresa a la vida.

LLAMEN ORANDO

El personaje del leproso me conduce a pensar en aquellos momentos en los que me encuentro alejado de Dios o atrapado en una fe tibia. En el leproso leo la iniciativa para acercarse y buscar ayuda; también encuentro la aceptación y la docilidad para ubicarse de frente al Señor y entregarle las necesidades personales. El evangelio hoy me hace preguntar por el sentido de mi fe y por mi bondad para saber reconocer de rodillas la necesidad que tengo de Dios. En el texto también encuentro la necesidad de reconocer los propios límites y la humildad para saber que en los otros puedo apoyarme para salir adelante. El proceso de la vida necesita de Dios; en Él no solo encontramos la limpieza interior, sino también la salud y la certeza de su amor. Él aparece como la posibilidad de seguir adelante, su palabra imprime carácter e impulsa a la persona que le abre el corazón a la fe.

 

LES ABRIRÁN CONTEMPLANDO

Señor Jesús, hoy caigo de rodillas ante tu presencia. Conoces bien mi lepra, mi enfermedad o mi dolor. Si tú quieres, Señor, puedes sanarme, aunque, en realidad lo que busco es estar ante ti, tal vez sin palabras, solo con la disposición de escuchar tu voz y hacer tu voluntad. Que se cumpla en mi vida lo que tú quieres para mí. Amén.

 

 


Complementa los ocho (8) pasos de la Lectio Divina adquiriendo el Misal Pan de la Palabra en:


 

 


Suscríbete a nuestro newsletter ENTÉRATE DE LAS ÚLTIMAS NOVEDADES Y RECIBE DESCUENTOS EXCLUSIVOS

whatsapp chat