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Santa Misa XX Domingo Ordinario



Santa Misa XX Domingo Ordinario

PARA MEDITAR

La angustia, síntoma de aquellos miedos que nos aferran desde dentro, nos descomponen y nos dejan sin aliento, la experimentó también Jesús. ¿Qué se puede hacer frente a la angustia? No se puede hacer nada, sino esperar que se cumpla lo que es bueno y que los temores sean inmersos en el mismo acontecimiento. La angustia nos aferra y puede demoler toda posibilidad de movimiento interior. La angustia de quien tiene confianza y acoge la vida, incluso aferrándose a la persona con un mordisco terrible, que no tira por tierra, sino que fortifica y destruye en la espera todas las ilusiones y las esperanzas fáciles.

Jesús ha venido a traernos la paz verdadera, la plenitud de los dones de Dios. Esta paz no se llama ya paz, sino que en cuanto que va contra la paz aparente, se llama a los ojos del mundo “división”. Se puede decir mejor que la paz de Cristo elige y en cuanto que elige, discrimina, como un imán que un campo magnético atrae a sí los elementos de la misma “naturaleza”, pero que no realiza ninguna atracción en los que no son de la misma naturaleza.

PARA REFLEXIONAR

  • ¿De qué manera hemos asumido la dimensión profética que trae consigo la opción por Cristo y por su Evangelio? ¿Somos signo de contradicción, como Él?

ORACIÓN

Señor Jesús: tú que sí tuviste que llegar a derramar tu sangre en la lucha contra el pecado, ayúdanos a perseverar en nuestra fe y en nuestro compromiso cristiano. Amén.


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